Blog homenaje al poeta que todos comienzan a intuir ahora pero que nosotros siempre conocimos.

2.07.2006

Chat


Sebastián dice:
alguna repercusión del marcelinismo?
playmobil, hoy voy a atarme los pies, no sirven para llegar dice:
tengo uncomment en el blog mio
Sebastián dice:
sí, lo ví
Sebastián dice:
pero todo apunta a que esto es un fracaso, por el momento
Sebastián dice:
tendríamos que haber hecho un blog dedicado a Bielsa!
Sebastián dice:
igual yo lo banco a Marcelo B.
Sebastián dice:
esto va a repuntar
Sebastián dice:
quiero creer...
playmobil, hoy voy a atarme los pies, no sirven para llegar dice:
si, de alguna forma
playmobil, hoy voy a atarme los pies, no sirven para llegar dice:
y si no, ya te dije
playmobil, hoy voy a atarme los pies, no sirven para llegar dice:
no estan preparados
Sebastián dice:
creo que no
Sebastián dice:
igual, sabelo...
Sebastián dice:
este chat va directo al blog
Sebastián dice:
tenemos que darle manija de alguna forma
Sebastián dice:
BLOGGERS, LINKEENNOS
playmobil, hoy voy a atarme los pies, no sirven para llegar dice:
ejjejejeje

2.03.2006

Correo del lector


La entrevista a Marcelo B. ya tuvo sus primeras repercusiones. La Lic. Ludmila Regazzoni nos comenta que...

La entrevista a Marcelo B. me gusta principalmente, porque parece ser absolutamente sincero o al menos intenta serlo. Le creo cuando dice que no le interesa lo que el otro diga y ahí él es social (porque muestra lo que hace, lo que escribe) y también es solitario (porque no le importa), él aparenta poder estar en la contradictoria armonía que plantea (no sé qué tiene Marcelo que es tema de blog y además me hace crear un comentario con conceptos que no conozco y sigo como si fuera su discípula).
Marcelo dice que padece de bovarismo ascendente y descendente (¿quién no se creyó genio alguna vez? vamos, y también más fácil de reconocer ¿quién no se creyó más de una vez un tremendo idiota?) pero no padece de bovarismo igualitario. De nuevo, Marcelo parece sincero, auténtico y eso hace muy agradable leer su entrevista.
Las definiciones de las cosas por Marcelo son increíbles "quizás el poema sea una forma de morder el cuello" y toda la libertad que tiene lo que dice, no le importa nada y tampoco le importa reconocerlo, no le importa terminar una carrera y al que sí le interesa al fin y al cabo va a contradecirse más que Marcelo algunas veces (yo misma, quería terminar la carrera, terminé la carrera pero pienso, al igual que B. que la facultad está llena de boludos).
Otra definición maravillosa es la de poeta: "artista es el creador de cosas bellas e inútiles. Si vos creás algo hermoso e inútil con la palabra, sos un poeta". No me queda más nada por decir, o sí: “Vamos Huracán todavía. Y el Fluminense”.

2.02.2006

A solas con Marcelo B.


A fines del año 2005, dos afiebrados lectores de Bolaño resignificaron sus experiencias de vida con Marcelo B., a quien conocieron en su breve paso por la Facultad de Filosofía y Letras, siete años atrás. De la perplejidad asombrada que les había producido el contacto con el joven poeta, quedó la entrevista que uno de ellos le realizó como parte de un rudimentario trabajo monográfico acerca de la poesía callejera.
Nuestros dos jóvenes eran estudiantes de Filosofía. Apenas conocían la marihuana y ejercitaban su poder analítico hasta la exasperación, sin arribar jamás a ningún resultado. Imaginemos, por un momento, sus largas noches de masturbación e insomnio con los libros de Kant y Dostoievski sobre la mesita de luz. Acaso en ellas resida la clave para entender la admiración les despertaban Marcelo B. y su discurso tan opuesto a las normas más elementales de la lógica, el narcisismo exacerbado, su cultura caótica y dispersa, una desesperada mezcla de academia y potrero barrial.
Nótese en la entrevista la lucha cuerpo a cuerpo entre el desconcertado cronista, que intenta en todo momento que las cosas no se le vayan de la mano, y Marcelo B. que se escapa permanentemente a una suerte de estratosfera argumental.

ENTREVISTA

Marcelo B. no le tiene miedo a la palabra “genio”. De 27 años, y con toda una trayectoria de carreras universitarias empezadas en su haber, este joven poeta (de bigotes ostensiblemente nietzscheanos, filósofo al que venera), masajista de profesión, vive con sus padres y, según sus propias palabras, se dedica la mayor parte del día a una actividad que le resulta vital: el ocio. La venta de sus poemas es para él tan sólo una faceta de su existencia, a la que no concede mayor importancia. Hasta el momento no se ocupó de autoeditarlos, y los reparte de a cinco o seis en las hojas que imprime en su computadora. Cada tanto, cuando siente la urgencia de hacerlo, sale a los bares o a los subtes a repartir su obra.

¿Los poemas son para vos una manera de comunicarte?
O una manera de ocultarte, qué sé yo. Es una manera de buscar la libertad, quizás. A través de mostrarle al otro algo de lo que no te interesa lo que el otro diga. Yo siempre lo relaciono todo con la inmortalidad. Es un intento de buscar la inmortalidad. La libertad es la inmortalidad. Es la soledad, por supuesto, el sufrimiento. Pero es la libertad que te va a hacer único. El que es libre es único. El que está libre, el que está solo en la pradera, ¿no es único?
¿La presencia del otro es lo que te da la libertad?
Y lógico. Estar con el otro pero estar solo al mismo tiempo. Es una contradicción. La contradicción que está ahí todo el tiempo. ¿Qué soy, social o solitario? Tengo impulsos sociales por momentos y soy solitario por otros momentos. Y a veces se contradicen los dos. Pero el mejor hombre es el que puede tener esa armonía, o esa guerra, entre los dos. Entre el impulso social y el impulso solitario. Vive en guerra permanentemente, y al vivir en guerra tiene paz. Acepta la guerra, y por eso tiene paz. Si vive en guerra y no la acepta no tiene paz. Pero si vive en la guerra y acepta que está en la guerra y se da cuenta, y lo toma con naturalidad, “es la guerra y se acabó, puedo morir y ya está”, ahí tiene paz. La paz de la guerra, por supuesto. La única paz que existe.
¿Desde qué edad escribís?
¿Te digo la verdad? No, escribir... Toda la vida pensé. Y empecé a escribir, que yo recuerde, a dedicarme a escribir, a tomármelo en serio, a los veinte años. Ahora tengo veintisiete.
¿Cuánto tiempo pasó desde que empezaste a escribir hasta que mostraste tus poemas, no digo a vender, sino a mostrarlos?
Cero. Escribí un poema y ya lo mostré. A un tarado mental de un grupo de solos y solas que había dicho que era escritor. Yo era muy ingenuo. Yo pensaba: “si el tipo dice que es escritor debe ser escritor”. Yo no entendía que hay tipos que son enfermos mentales que se creen cosas que no son. Hay gente muy copada, pero hay gente muy enferma también. Eso se llama bovarismo. Madame Bovary creía que era una cosa que no era. Existe el bovarismo ascendente, descendente y el igualitario. El ascendente es creerse una cosa superior a lo que uno es. Es la mayoría de la gente, yo incluído, por supuesto. El descendente es creerse una cosa inferior a lo que uno es. A lo cual yo también me incluyo, porque yo también me creo inferior a lo que soy. Y el igualitario es creerse que uno es otra cosa igual a lo que es, pero otra cosa distinta. Es el bovarismo, vivimos en el bovarismo. Siempre estamos viendo deformadamente las cosas. Quizás porque tenemos miopía, miopía mental. Es que los medios de comunicación, todo, la comunicación te genera la miopía. El tratar de comunicarte. El tratar de vivir en sociedad. Toda esta sociedad, todas estas tentaciones que te ponen por el camino te generan la miopía. Te van cegando, son brillos que te cegan la vista. No te dejan vivir en la penumbra tranquilo. Como debe ser. Drácula vivía en la oscuridad, era un ser eterno. ¿Qué es ser eterno sino vivir eternamente en la oscuridad, evadido de todo?
Pero recién me decías que salir a vender tus poemas, salir a la luz, era una manera de alcanzar la inmortalidad...
Y sí. Drácula se mostraba todo el tiempo. Era un señor que andaba por todos lados, tomaba champagne con las damas, hacía todo lo que tenía que hacer y después les mordía el cuello, las mataba y chau. Y así alcanzaba la libertad. Quizás el poema sea una forma de morder el cuello. Qué sabés vos. Todos buscamos esa forma de morder el cuello y chupar la sangre del otro.
Volviendo al tema de antes, ¿cuándo empezaste a vender tus poemas?
Y, empecé a vender hace tres, cuatro años... A los dos años de empezar a escribir ya se me daba por vender.
¿Cómo fue esa primera vez?
¿Te digo la verdad? Agarré una hoja con los poemas que tenía en la computadora, los que a mí más me gustaban, no me interesaba que a la gente les gustaran o no. Me gustaban a mí, agarraba tres poemas, los abrochaba iba a cualquier lugar, trataba de venderlos y listo.
¿Y cómo era la reacción de la gente?
Y... la reacción de la gente es que no me daban bola.
¿Hiciste plata ese día?
Saqué plata, para lo que ahora me parece plata, saqué plata. En ese momento me pareció que no había sacado nada. Saqué cinco, seis pesos. En ese momento creía que no era nada eso. Creía que tenía que sacar veinte pesos. Ahora me doy cuenta de que seis pesos son una fortuna, por un pedazo de papel...
¿Salís muy seguido a vender?
Cuando necesito plata agarro los poemas, los imprimo, salgo a la calle y chau.
¿Nunca se te ocurrió editarlos en algún libro...?
Sí, se me ocurrió, pero todavía no. Primero tengo que viajar, sufrir un poco más la vida, después escribir como debe ser y publicar.
Cuando hablás de publicar, ¿te referís a una edición chiquita, por tu cuenta, o en alguna editorial grande?
No... tan importante no. Algo mediano.
En este sentido, ¿te interesa que la gente te conozca?
Más bien. Me interesa ser famoso. No me interesa la fama, pero me interesa ser famoso. Hay que estar arriba. Tenés que estar arriba. La vida es un movimiento: o vas para arriba o vas para abajo. Yo tengo que ir para arriba. Estoy arriba y ya está. Si es lo mismo estar abajo o estar arriba. Es lo mismo. No hay diferencia. Pero mejor estar arriba. Mejor tenerla que no tenerla.
¿Cuándo empezaste a leer?
El primer libro que leí se llamó “Los viajes de Gulliver”, creo que en una versión para chicos, en la escuela primaria. Lo robé. Nos quedamos de acuerdo con todos los pibes en robar el armario. Ya nos venía tentando desde hacía como dos meses. Y nos quedamos después de hora y lo abrimos con una palanca. Uno sacó una pelota de fútbol, el otro no sé qué mierda sacó y yo vi “Los viajes de Gulliver”, me volvió loco, lo agarré y lo llevé a mi casa. Me lo devoré. Y ahí empecé. Nunca más paré de leer. Cualquier cosa: diarios, revistas, libros, libros de deportes, de filosofía, de ciencia... todo lo que sea lindo, no sé.
Vos empezaste varias carreras. Contame un poco de eso.
Empecé todas las que existen: las tradicionales, medicina, derecho, ingeniería, filosofía, y no me acuerdo qué otra.
¿Por qué no seguiste con ninguna?

Porque cumplieron su etapa. Yo no creo que si empezás una carrera estás obligado a terminarla. Uno termina por un impulso que tiene adentro, que dice: “bueno, la termino”, generalmente porque la hace y cuando quiere dejar ya es demasiado tarde y bueno, hay que terminarla. No hay obligación de terminar nada. Yo creo que a la facultad hay que ir. Terminar, no sé. Pero ir, hay que ir. Tenés que conocerla por dentro. Jesús tuvo que bajar al infierno. Tuvo que saber lo que era el infierno para después resucitar.
¿La facultad es, desde tu punto de vista, el infierno?
La facultad es una boludez. Es una verdulería la facultad. La facultad no es nada. Está llena de boludos. Lo que pasa es que reluce tanto porque supuestamente un lugar de estudio estar tan lleno de boludos, profesores, pibes, todo.... Es patético. No voy a volver. El día que digan (si me lo dicen, no me importa que me lo digan o no): “Marcelo B., venga y enséñenos toda la sabiduría que tiene adentro”, entonces voy. No como profesor. Como un tipo que vivió y que puede transmitir lo que vivió. Nada más. Pero estoy seguro de que no va a pasar. Lo que va a pasar va a ser lo siguiente: yo voy a formar mi propia escuela y voy a enseñar yo y voy a hacer lo que se me cante el culo. Eso va a pasar.
¿Tenés contacto con otra gente que se dedique a escribir?
Hay otro pibe, filósofo, un ser superior, que tiene un bar, que es amigo mío. Dice que escribe aunque a mí nunca me mostró nada. Pero no le hace falta escribir. La forma de hablar que tiene es algo completamente increíble. Si escribe como habla... Yo no creo que escriba como habla, porque trabaja mucho. Y el trabajo lo reprime. Vos en el trabajo te tenés que reprimir todo el tiempo. El que no se reprime es el que vive en el ocio. Ese no está reprimido. Está aislado porque nadie le da bola, por supuesto. O le dan bola cinco minutos, lo aguantan una vez por mes nada más.
Hablás como si fuera eso lo que te pasa a vos.
Sí, yo toda la vida viví en el ocio. Trabajé en un montón de cosas, pero todas tipo changuitas.
¿Y ahora de qué vivís?
Ahora hago masajes. Lo que pasa es que yo me encargo de trabajar medio día... Bueno, lo mío es muy especial. Yo quiero ser único. Yo a los pacientes les doy dos horas a cada uno: media hora para hablar, una hora y media para hacerles los masajes. Les cobro lo más barato, diez pesos, les hago una sesión única porque aprendí en todos los cursos habidos y por haber... cuando tenía ganas, ahora ya no necesito más ningún curso. Y bueno, estudié medicina. Les doy una cosa única, viste, única. También les hago una terapia psicológica, aunque no soy psicólogo, pero me leí la recontra puta madre de psicología. Así que...
Vos ves una continuidad entre escribir, vender lo que escribís, hacer masajes...
Es todo lo mismo. Es todo la misma cosa. No hay diferencia entre escribir y hacer masajes. La técnica es técnica para todo. A lo largo de la vida vas desarrollando la misma técnica para todo. Es única la técnica. Podés hacer cualquier cosa. Tenés que estar relajado y no sobrevalorar las cosas. La gente cree que hacer bien algo es todo, es lo máximo, y hacer bien algo no es nada... es una cosa más, nada más. Ya te dije: tenés que estar arriba o abajo. Yo prefiero estar arriba y listo, nada más.Así puedo ver todo bien. Puedo ver el panorama bien. ¿No es lindo subirse a una montaña y mirar todo? Pero es difícil.
En este “subirte a la montaña”, debés sentirte un poco solo.
Totalmente. Todos estamos solos. ¿O el que está acompañado no está más solo que yo todavía? ¿Quién no está solo? Las grandes cosas de la vida las vas a hacer solo: morir, nacer, todo... Cagar, cagás solo. Nadie te limpia el culo.
¿Publicaste alguna vez en una revista o...?
Sí, en una revista de barrio. Un cuento que se llama “El llorón”. Y llevé un editorial sobre los masajes. Casi me sacan cagando. Todo el mundo llamó reputeando. Llamaron kinesiólogos indignados por lo que yo había escrito sobre los profesionales.
¿Qué habías escrito?
Y, que los profesionales son unos deformadores de la realidad, qué sé yo... Escribí lo que sentía, nada más. Con un tinte muy unamuniano, por supuesto.
¿Te gusta Unamuno?
Me gusta, sí. Toda mi vida parte de Unamuno.
¿Por qué?
Porque el dolor me marcó. Y Unamuno es dolor. Es el placer del dolor. No sé si es el placer del dolor. Es... es la vida en el dolor. Pero él lo toma con una naturalidad terrible. La gente lo lee y se vuelve loca, pero él era un viejito tranquilo.
¿Y vos lo tomaste con tranquilidad cuando lo leíste?
No, cuando lo leí me hizo mierda. Me destruyó. Me arruinó la vida. Era un hijo de mil putas Unamuno para mí. Y después volví. Siempre se vuelve al primer amor. Volví de otra manera y lo entendí.
¿Qué es ser poeta?
Las definiciones no sirven para nada. Ser poeta... amar la vida, qué sé yo... tener un fuego, tener la palabra... el poeta pasa por la palabra. Tener en una mano un libro y otra mano una flor. Es belleza, la poesía es belleza. El artista es el creador de cosas bellas e inútiles. Si vos creás algo hermoso e inútil con la palabra, sos un poeta. Algo que conmueva.
Ya me respondiste un poco esta pregunta, pero quisiera volver al tema. ¿Conocés a alguien más que venda sus poemas como vos?
No, no me interesa. Prefiero conocer al verdulero, al almacenero, si son copados... Qué sé yo. Cualquiera puede ser poeta. Hay tipos que son poetas y no se dan cuenta. Poesía hay en todo. Todo lo que sea belleza es poesía. Lo que sea con el corazón y tenga una forma bella...
Me estás diciendo algo parecido a lo que me dijo el otro poeta que entrevisté: “Cualquiera puede ser poeta”. Si es así, ¿por qué la mayoría de la gente no lo es?
Porque no saben lo que tienen. Justamente son mediocres porque no valoran lo que tienen. Hombres con fe en sí mismos hay muy pocos. No se llegan a adorar, a extasiarse de sí mismo. El que se extasía de sí mismo es porque puede verse de afuera. Ellos se ven demasiado cerca. Se están mirando todo el día en el espejo. Se peinan ochenta mil veces. Los tibetanos no tienen espejos. No les hacen falta los espejos para darse cuenta de que son lindos. La gente si no se ve en una foto, o si no se mira en un espejo, no puede darse cuenta de que es linda.
¿Te considerás un genio?
Sí, me considero un genio pero... no es nada eso. ¿Qué es eso? Lo tomo con naturalidad. Si no lo tomase con naturalidad no sería un genio, sería un idiota, un alucinado. Soy genio por la actitud que tengo ante la vida, no porque hago las cosas bien o mal. Es la actitud lo que te marca. No te lo puedo explicar, porque la gente no lo entiende. Necesita que seas humilde.
Pero a mí me interesa que me expliques, no que seas humilde...
Pero no se puede explicar. Una actitud vital ante la vida... una actitud brutal, pasional, totalmente desmedida, no tiene límites. Yo soy eso. Toda la vida fui eso. Cada vez soy más eso. Más medido porque ya estoy más de vuelta de todo, a los veintisiete años... Ya probé todo lo que tenía ganas de probar. Y lo que no me interesaba no lo necesito. Pero los gustos que me quise dar me los di.
No me terminaste de contar cómo fue la primera vez que saliste a vender tus poemas. ¿Fue en un arrebato o...?
No me acuerdo muy bien, pero sí. Un poco de vergüenza me dio, pero luché contra esa vergüenza y me mandé igual. No es nada. Exponerse no es nada. Exponerse al ridículo es algo grande. Los grandes se exponen al ridículo. Exponiéndote al ridículo cobrás naturalidad, desenvoltura. Dejás de ser reprimido. Cobrás tranquilidad. Lo que pasa es que hay que tirarse a la pileta, y es difícil. Te podés hacer mierda. Pero una vez que te tirás, ¿qué te podés dar? Un pequeño golpe y nada más. Después te gusta. Es una sensación hermosa. Y una vez que ya lo hiciste y lo dominaste, no lo hacés más. Alcanzar la cosa ya es perderla. El barrilete no se alcanza nunca, está ahí en el aire, hay un piolín que te une y nada más. No lo tenés que bajar nunca. El barrilete es para usarlo y dejarlo ir. Después comprate otro.
O sea que no estás más tan entusiasmado con salir a vender...
No estoy entusiasmado pero lo hago igual. Hago las cosas con un cierto desdén, pero no quiere decir que no me guste. Al contrario, cada vez me gusta más. Pero lo hago nada más que cuando tengo ganas. Es como Superman. Un día Luisa Lane le hizo una entrevista y le dijo: “¿Superman, usted come?”. Y Superman le dice: “Más bien que como. Cuando tengo ganas de comer, como”. Y cuando tiene ganas de tirarse un pedo se lo tirará, qué sé yo. Es un hombre. Vuela, nada más. La única diferencia es que vuela. Después por dentro es un tipo igual que todos. Así murió como un perro. Hay un comic que se llama “La muerte de Superman”. Y te puedo decir la muerte de Hércules, por ejemplo. Tenía la mujer de él, que era hermosa y estaba del otro lado del lago. Un centauro, Quironte, que le tenía una bronca bárbara, hizo que la esposa le regalara unas pieles que estaban embardurnadas en veneno. Entonces Hércules, que era un boludo, un forzudo y nada más, se puso las pieles que le regaló la mina y cuando se las quiso sacar se arrancaba cachos de carne, qué sé yo. Y así murió Hércules. A todos les toca. Para la posteridad es bueno morir como un perro. Morir como un perro es grandioso. Luchando hasta último momento. Morir así rápido es para cobardes. En cambio morir como un perro... qué sé yo, es difícil pensar en la muerte. Morir como un perro es algo grandioso, como murió Jesucristo. Todo hecho mierda, clavado por todos lados... Si te relajás debe ser un placer... Aunque te parezca una locura. Jesucristo sintió placer al morir así. Ya lo dijo Pedro, cuando lo crucificaron también: “Es un honor morir como murió el maestro”.
Noto que te comparás mucho con Jesucristo.
Pero sí, Jesucristo era un hombre. El hijo de Dios. Todos somos hijos de Dios. ¿Qué tiene de malo compararse con Jesucristo? La mayoría de los que se comparan con Jesucristo son mesiánicos, están mal de la cabeza, no lo hacen con tranquilidad. Cualquiera se puede comparar con Jesucristo, lo que pasa es que es muy difícil seguir sus pasos. ¿Quién se haría crucificar por la humanidad? Giordano Bruno se hizo matar en la hoguera. Muchos fueron como Jesucristo para mí. Vito Dumas se abrazó a la soledad total del mar. Habrá sufrido como un hijo de remil putas. Esos hombres tienen mucho de Jesucristo para mí. Lo que pasa es que Jesucristo murió por la humanidad, se hizo matar, se hizo crucificar. Eso es algo increíble. Por eso no tiene parangón. Ninguno llegó a ese límite. Gandhi no llegó a ese límite. Si alguno llega a ese límite, de morir por la humanidad, va a ser otro Jesucristo. Nietzsche por ahí llegó a ese límite.
¿Abrazando al caballo?
Abrazando al caballo, sí. Lo de Nietzsche fue muy parecido. Por eso le dicen el Anticristo. O el nuevo Cristo, que es muy parecido. Nietzsche era un santo. Era un ser totalmente superior. Yo no sé si estaba loco. Todos dicen que estaba loco, pero yo a veces lo dudo. Yo creo que estaba demasiado cuerdo. Tenía una visión de las cosas tan increíble... Yo lo amo a Nietzsche.
Jamás te importó la plata.
La plata no interesa. No es nada la plata, la plata es un papel. El día que tenga huevos agarro un billete de cien dólares y lo prendo fuego. Todavía no me llegó el momento, pero ya lo voy a hacer.
¿Quemarías tus poemas?
También. Los poemas no son nada. Te prendo fuego lo que quieras. Ojalá se me prendiera fuego todo.
¿Querés agregar algo más?
Vamos Huracán todavía. Y el Fluminense.

Brasil


Esta noche está lejos. En lo alto lejos.
Lejos en un cielo que no alcanza.
Como está lejos el horizonte y tu mano apasionada.
Estarás pensando en mí. ¿Existe la telepatía?
Las palabras son fuentes de malos entendidos.
No hace falta nada.
Soy humano. Como humano es el tiempo. Como es necesario poder decirte
lo que te extraño. Adiós. Hasta luego, es un verbo secreto, un tesoro
espléndido, TE NECESITO, aquí en el cielo, el paraíso es un infierno,
guarda un tesoro perdido. Dame un beso, sin que se entere nadie. La
Soledad es un verso, un verso profundo y ciego, soy bohemio, como el
aire, como el sol en su suceso, te quiero, te quiero, en silencio, en secreto,
aquí en el olvido, solo, como tu amigo.


Marcelo B. (poema inédito)

1.22.2006

Marcelo B., un jinete diestro?


Significado críptico, poesía excogitante, poesía inframuros, argumentos post-ontologizantes, esquemas dialécticos incompletos. Al querer catalogar en algún casillero la primer obra de Marcelo B. uno se halla con esas contradicciones inmanentes.


Debo confesar que cuando llegó por primera vez a mis manos esta edición de Ediciones del Autor anoté perplejo en un boleto: ¿demente o creador? La vieja pregunta que se han hecho tantos, pero esta vez un poco más dudosa es mi respuesta. Cualquiera de las dos opciones podría describir este texto. El texto pasa del código ensayo al código poesía sin advertencia alguna al lector, con una mínima conexión semántica; la ruptura de la anticuada dicotomía entre forma y contenido no se produce aquí tanto por voluntad sino por la aniñada soberbia del autor que cree que inventa algo y que, de hecho, quizás lo haga.
Encerrado en los muros internos de Marcelo B., uno siente que lo que escribe es desparejo pero que al mismo tiempo auspicia la neblina de un conocimiento que solo podemos ver, precisamente, entre neblinas. En el capítulo 4, "Homosexualidad y Política", el autor destruye hipótesis provincialistas como "los gays tienen más gusto que los heterosexuales" o "los putos de la clase de las "locas" son todos inminentemente pasivos", "la Juventud Peronista se llenó de trolos", para culminar con el perturbador verso


"Su pene fulgurante y venoso
en la humedad prodigiosa
me debilita en mi vacua
existencia de culo pozo"


Al mismo tiempo, Marcelo B. siempre es la promesa que se cumple a medias, como lo es la cerveza tibia que se guarda en la heladera a esperas de que alguien la saque cuando esté congelada. La variante 3 del capítulo 6, "Regar de noche o de tardecita: un debate", complejiza algo completamente banal que, sin embargo, nos muestra mucho más de la vida de B. que de lo que piensa de su teoría o de su posición en el debate. Marcelo B. sólo recorre un hecho, el de que su abuela y su madre rieguen dos veces las mismas plantas en un mismo día; así, mientras intenta recoger una información detallada acerca de ambas posiciones, se halla con un problema de perspectiva narrativa: ¿desde dónde contar la historia? Desde los ojos de su abuela que aún no ha aprendido que el cocoliche no es un idioma o desde su madre que abastece su colección de mujeres del circo con las cuales tuvo relaciones sexuales?; dilema metafísico abordado por todos los escritores que han sufrido no con la hoja vacía de papel, sino con las hojas llenas de palabras pero diletantísimas y huidizas con respecto a la determinación de una historia. Símbolo de esta sabiduría de la neblina, de esta miopía docta frente a lo trascendente, la variante 3 culmina con estas estrofas
"Las estrellas son sabias porque no tienen perspectiva"


Marcelo B. es un desafío, tanto en términos de paciencia como en términos de comprensión; el género del cual abreva B. es similar al jinete diestro del Regimiento Sargento Cabral; con cada una de sus botas en el estribo de dos caballos diferentes, no logra dominar la dirección de ninguno de ellos; sin embargo, por escasos momentos, domina su propio movimiento y lanza la poesía como un destello de una mente aturdida por la cotidianeidad y liviandad de su existencia.


"La lengua de la serpiente
y para qué intentar
la huida si ya no se siente"

1.11.2006

Actas oficiales

(Muchacho comprometido con la realidad social) - "Vos recién hablaste de los excluídos por la democracia representativa, de aquellos que son el motor de la historia de Marx y el freno de mano de Benjamin."
(Facundo García V.)- "No, no hablé de eso. Como diría mi maestro Marcelo B., cuanta voluntad de joder tenés y cuán poca voluntad de cojer tenés en esa cara. "


(Extraído de actas del XIII Congreso de Filosofía AFRA, Rosario, 22-25 noviembre del 2005)

1.09.2006

Testimonios (I)


"... Cuando lo conocí a Marcelo yo estaba en la pavada. Mucho Hegel, mucho Kant, pero mi sexualidad estaba en coma y eso se siente, hermano, se siente. Marcelo era, ¿cómo decirlo? La promesa de algo más. Una vida dedicada al arte, profundamente, de la cabeza a los pies. Se les acercaba a hablar a todas las minas de la facultad, lo citaba a Nietzsche cada dos por tres pero no como una cosa académica sino como algo sentido, vital. Hablaba de Schopenhauer y de Hermann Hesse con la misma pasión que les dedicaba al polaco Goyeneche y al equipo de Huracán. Eso fue lo que más me impactó.
Un día me lo crucé en el patio de Puán, hacía calor y se había vestido con un bermudas fucsia y la camiseta del arquero de Brasil. Genial, pensé. Me dijo que había soñado cómo refutarlo a Kant desde la perspectiva de Unamuno. Cuando le pregunté por los argumentos de tal refutación me respondió con desdén:

-Ése no es el punto.
En aquel momento pensé que se trataba de un delirio
, pero muchos años después descubrí que tenía razón."

(Extraído del autorreportaje: Mi vida con Marcelo B., Robles, Sebastián, Edición del autor, Buenos Aires, 2044)

Citas (I)

"Las verdaderas estrellas son las ramas de los árboles".

(Marcelo B.)

1.07.2006

Las causas del marcelinismo

- "Profesora, a título personal; con respecto a "El nombre de la Rosa"?, ¿qué le gustó más: el libro o la película?."
En cualquier otro contexto y en cualquier otra mente, eso hubiera sido un sinónimo de estupidez. En las nuestras, extremadamente adolescentes, dostoievskianas, poco exitosas con las mujeres, sonó como el despertar de la conciencia confusa de que él tenía un secreto que nosotros no.
Fue casi automática la jerarquía de discípulos y maestro que se estableció entre Marcelo y nosotros; él supo que nosotros buscabamos algo y nosotros no lo sabíamos tan precisamente. Hoy, a ya casi 8 años de conocernos, Marcelo nos sorprende contestando cosas que todavía no le preguntamos, dandonos lecciones sobre cosas que no sabíamos que exitían, mostrándonos todas las posibilidades y la correcta.
Este blog es un homenaje en vida a Marcelo; y lo hacemos ahora por que, debemos reconocerlo, tuvimos momentos donde dudamos de su grandeza y de su arte. También lo hacemos porque él no entiende mucho de internet pero, principalmente, porque ahora mismo, cuando los vítores del éxito cultural están llegando a nuestros oídos, conocemos el camino de desaires, de pequeñas y poco durarderas conquistas, de expulsiones académicas, de expulsiones de todo tipo, que hicieron de Marcelo el Poeta de la Generación del 98 que es hoy en día.